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Jardineros del bosque: el Tapir celebra su día mientras lucha contra la deforestación y el olvido

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    generacionesperanz5
  • 27 abr
  • 3 min de lectura

Publicado: 27/04/2026

Reportera y fuente: Ana Cristina Alvarado / Mongabay Latam

Redacción y Edición: Nandy Romero / AJNAB



Un ejemplar adulto de tapir de tierras bajas en la Orinoquía colombiana. Foto: Cortesía Ángela Alviz
Un ejemplar adulto de tapir de tierras bajas en la Orinoquía colombiana. Foto: Cortesía Ángela Alviz

Los tapires son animales que parecen salidos de un libro de historia natural. Con su cuerpo robusto, su trompa corta y sus hábitos nocturnos, estos mamíferos han sobrevivido desde tiempos prehistóricos y hoy se les conoce como los “Jardineros del bosque”.


En Latinoamérica habitan tres especies: el Tapir de tierras bajas (Tapirus terrestris) que según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN está clasificado como vulnerable, el Tapir de montaña (Tapirus pinchaque) y el Tapir centroamericano (Tapirus bairdii) ambos clasificados en peligro. Sin embargo, todos cumplen un papel ecológico vital: dispersar semillas grandes que otros animales no pueden transportar, como las del zapote o el moriche, ayudando a regenerar bosques y mantener el equilibrio de los ecosistemas.


Sin embargo, su futuro está en riesgo. La deforestación, la expansión agrícola, la minería y el cambio climático reducen cada vez más sus hábitats. Además, los perros asilvestrados los persiguen y cazan, aumentando la presión sobre poblaciones ya pequeñas y difíciles de observar. Por eso, distintos países han emprendido esfuerzos para protegerlos, combinando ciencia, conservación y trabajo comunitario.


Huella de un ejemplar adulto de tapir de montaña. Foto: Cortesía Fundación Óscar Efrén Reyes.
Huella de un ejemplar adulto de tapir de montaña. Foto: Cortesía Fundación Óscar Efrén Reyes.

En Colombia, la historia del Tapir de tierras bajas en la Orinoquía era casi desconocida hasta hace una década. Investigadores instalaron cámaras trampa y lograron más de cien registros, identificando áreas clave para su conservación. Descubrieron que este tapir es el único capaz de dispersar intactas las semillas del moriche y la palma real, plantas que sostienen reservorios de agua y hábitats de especies como anacondas y caimanes. Lo que comenzó como un estudio científico se transformó en planes de conservación y corredores biológicos, mostrando que proteger al tapir es también proteger la vida de toda una región.


En Ecuador, un avistamiento inesperado cerca del volcán Tungurahua reveló que los tapires de montaña necesitaban territorios conectados para sobrevivir. Tras años de investigación y talleres, en 2023 se creó el Corredor Ecológico Llanganates-Sangay, con más de 92 mil hectáreas que unen poblaciones antes aisladas. Hoy, incluso antiguos cazadores han cambiado de rumbo y destinan sus tierras a la conservación, demostrando que la protección de la biodiversidad puede ser una decisión comunitaria y esperanzadora.


Un tapir andino o de montaña captado en las estribaciones orientales de los Andes. Foto: Cortesía Fundación Óscar Efrén Reyes
Un tapir andino o de montaña captado en las estribaciones orientales de los Andes. Foto: Cortesía Fundación Óscar Efrén Reyes

Por su parte, en México, la estrategia se centró en las personas. Investigadores como Eduardo Naranjo entendieron que para salvar al Tapir centroamericano (Tapirus bairdii) era necesario transformar las percepciones humanas. A través de talleres, caminatas y proyectos de educomunicación, lograron que niños y jóvenes vieran al tapir como un símbolo de vida y biodiversidad. El resultado fue un cambio cultural: menos cacería, más reservas comunitarias y una creciente conciencia de que este animal es indispensable para el funcionamiento de los bosques.


Los tapires centroamericanos son algunas de las especies que más peligro corren por los efectos del cambio climático. Foto: Jorge Rodríguez.
Los tapires centroamericanos son algunas de las especies que más peligro corren por los efectos del cambio climático. Foto: Jorge Rodríguez.

En el caso de Bolivia, el tapir amazónico o de tierras bajas (Tapirus terrestris) también forma parte de la riqueza natural y se concentra principalmente en las tierras bajas amazónicas. Según la Wildlife Conservation Society (WCS) estiman que en el Gran Paisaje Madidi-Tambopata habitan más de 14.000 individuos, convirtiendo a esta región en uno de los refugios más importantes para la especie en Sudamérica. Sin embargo, la caza furtiva y la deforestación siguen siendo amenazas latentes. Por eso, las áreas protegidas como Madidi, Pilón Lajas y Apolobamba se han convertido en verdaderos bastiones de conservación, recordándonos que la defensa del tapir es también la defensa de la biodiversidad existente.

 

Una cría de tapir de tierras bajas capturado por las cámaras trampa. Foto: Cortesía Ángela Alviz
Una cría de tapir de tierras bajas capturado por las cámaras trampa. Foto: Cortesía Ángela Alviz

En conclusión, el tapir nos enseña que la naturaleza no se defiende sola, y que necesita acciones de protección, compromiso y empatía. Si estos guardianes invisibles siguen caminando libres por los bosques, será porque decidimos protegerlos. Y en ese gesto, también estaremos asegurando nuestro propio futuro.



AJNAB – Agencia Juvenil de Noticias Ambientales Bolivia

 
 
 

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