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Alimentación saludable y sostenible en los ambientes educativos: una inversión en salud, aprendizaje y futuro

Foto del escritor: generacionesperanz5
generacionesperanz5
28 ago
10 min de lectura

NOTA DE FONDO


Publicado: 28/8/2026. Cochabamba, Bolivia.

Redacción: Micaela Daniela Inturias Soliz / AJNAB

Edición: Gabriela Rodriguez / AJNAB

Foto: Fundación Gaia Pacha
Foto: Fundación Gaia Pacha

La alimentación saludable en las unidades educativas y universidades no debería entenderse únicamente como un asunto de nutrición. También involucra la salud pública, el aprendizaje, la equidad, la cultura, la sostenibilidad y la acción climática. Los espacios educativos tienen una oportunidad privilegiada para formar hábitos que pueden acompañar a las personas durante toda su vida y, al mismo tiempo, transformar la manera en que las comunidades producen, consumen y valoran los alimentos.

En Bolivia, esta discusión adquiere especial relevancia porque el país enfrenta una doble carga de malnutrición: persisten problemas de desnutrición y deficiencias nutricionales, mientras aumentan el sobrepeso y la obesidad, especialmente entre niñas, niños, adolescentes y población adulta. La EDSA 2023 constituye actualmente una de las principales fuentes nacionales para comprender esta situación.

Bolivia: cuando la malnutrición tiene diferentes rostros

Los datos más recientes muestran que la problemática alimentaria boliviana no puede reducirse a la falta de alimentos. De acuerdo con la Encuesta de Demografía y Salud (EDSA) 2023, el 14,4 % de las niñas y niños menores de cinco años presenta desnutrición crónica, mientras que la desnutrición aguda alcanza aproximadamente el 2,6 %. Al mismo tiempo, el sobrepeso y la obesidad constituyen una preocupación creciente. (UNICEF)

La situación también es relevante entre la población en edad escolar y adolescente. Los resultados de la EDSA 2023 muestran que, entre niñas, niños y adolescentes de 5 a 19 años, aproximadamente el 33,5 % presenta sobrepeso u obesidad. En el área urbana, la proporción alcanza alrededor del 37,4 %, mientras que en Cochabamba llega aproximadamente al 35 %. (Cebem)

Estos datos actualizan una problemática que ya había sido identificada en investigaciones anteriores. Un estudio sobre escolares y adolescentes realizado por el CIDES-UMSA, el Ministerio de Salud y UNICEF encontró que más del 35 % de la población de 5 a 18 años presentaba sobrepeso u obesidad, es decir, cerca de cuatro de cada diez estudiantes. (UNICEF)

La situación también se observa en la población adulta. Según datos difundidos a partir de la EDSA 2023, el 61,7 % de las mujeres de 15 a 49 años presenta sobrepeso u obesidad, frente al 57 % registrado en 2016. Esto muestra que los hábitos alimentarios construidos durante la infancia y adolescencia pueden extenderse a lo largo del ciclo de vida. (UNFPA-Bolivia)

Por tanto, el desafío para Bolivia ya no consiste solamente en combatir el hambre o la desnutrición. También implica prevenir el consumo excesivo de productos con alto contenido de azúcar, sodio y grasas, promover alimentos nutritivos y garantizar entornos que permitan tomar decisiones saludables.

Alimentarse bien también significa aprender mejor

La alimentación tiene una relación directa con el desarrollo físico y cognitivo. Durante la infancia, adolescencia y juventud, el organismo necesita energía y nutrientes suficientes para el crecimiento, el desarrollo cerebral, la concentración y el funcionamiento adecuado del sistema inmunológico.

UNICEF señala que la etapa comprendida entre los 5 y los 19 años constituye una segunda oportunidad fundamental para el desarrollo físico y psicosocial, y que durante este periodo se consolidan muchos de los hábitos alimentarios que pueden mantenerse en la edad adulta. Una nutrición adecuada contribuye al desarrollo cerebral, a las capacidades cognitivas y al desempeño escolar. (UNICEF)

Por esta razón, una estudiante que llega a clases sin haber desayunado, que consume principalmente bebidas azucaradas y productos ultraprocesados o que no tiene acceso regular a alimentos variados enfrenta condiciones diferentes para aprender que otra persona que dispone de una alimentación adecuada.

La alimentación, entonces, forma parte de las condiciones que hacen posible el aprendizaje.

La escuela debe ser un entorno saludable, no solamente un lugar donde se habla de salud. Una de las principales conclusiones de la evidencia internacional es que no basta con enseñar nutrición en el aula si el propio entorno educativo facilita el consumo de alimentos poco saludables.

En enero de 2026, la OMS publicó una nueva directriz mundial sobre entornos alimentarios escolares saludables. La organización recomienda adoptar un enfoque integral que incluya la alimentación proporcionada por las escuelas, normas para los alimentos vendidos dentro y alrededor de ellas y estrategias que faciliten elecciones saludables. (Organización Mundial de la Salud)

Esto implica pasar de una educación alimentaria basada únicamente en charlas a una perspectiva de “institución educativa saludable”. El kiosco escolar, la cafetería universitaria, los comedores, las máquinas expendedoras, las actividades institucionales y hasta la publicidad que llega a los estudiantes forman parte del ambiente alimentario.

Una unidad educativa puede enseñar sobre frutas y verduras, pero si su kiosco ofrece principalmente gaseosas, golosinas y productos ultraprocesados, existe una contradicción entre el discurso educativo y la experiencia cotidiana.

Por ello, la promoción de la alimentación saludable debe involucrar a estudiantes, docentes, familias, autoridades, proveedores, responsables de cafeterías y gobiernos locales.

Foto: Marina Muñoz Cevera - Consejo Nutricional 
Foto: Marina Muñoz Cevera - Consejo Nutricional 

Bolivia tiene una base normativa para avanzar

Bolivia cuenta con importantes instrumentos para promover este enfoque. La Ley N.º 775 de Promoción de Alimentación Saludable, promulgada en 2016, busca promover hábitos alimentarios saludables y prevenir enfermedades no transmisibles, incluyendo medidas relacionadas con información, etiquetado y promoción de la actividad física. (Ministerio de Salud)

Asimismo, el Ministerio de Salud dispone de Guías Alimentarias para la población boliviana, incluyendo una guía específica para niñas y niños en edad escolar y otra para adolescentes. Estas herramientas plantean la necesidad de promover una alimentación variada y adecuada para las diferentes etapas de la vida. (Ministerio de Salud)

Además, la Ley N.º 622 de Alimentación Escolar estableció un marco para la alimentación complementaria escolar y vinculó este derecho con la producción local y la economía social comunitaria. La norma busca que la alimentación escolar contribuya al rendimiento, la permanencia y el bienestar de los estudiantes, promoviendo alimentos provenientes de productores locales. (FAO)

Esto ofrece una oportunidad: la alimentación escolar puede ser simultáneamente una política de salud, educación, desarrollo económico local y sostenibilidad.

Foto: Fundación Gaia Pacha
Foto: Fundación Gaia Pacha

De la alimentación saludable a la alimentación sostenible

Una alimentación saludable no necesariamente es sostenible, pero ambas dimensiones pueden integrarse.

La FAO y la OMS plantean el concepto de dietas saludables sostenibles, que considera conjuntamente la nutrición, los impactos ambientales, la accesibilidad económica, la cultura y las características de cada territorio. (Organización Mundial de la Salud)

En los ambientes educativos, esto puede traducirse en acciones concretas:

  • Priorizar alimentos frescos, locales y de temporada.

  • Recuperar alimentos tradicionales y culturalmente apropiados.

  • Incrementar el consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales locales.

  • Promover alimentos producidos mediante prácticas agroecológicas.

  • Reducir progresivamente productos ultraprocesados.

  • Garantizar el acceso a agua segura para consumo.

  • Disminuir el uso de envases descartables.

  • Evitar el desperdicio de alimentos.

  • Implementar huertos escolares y universitarios.

  • Incorporar compostaje y aprovechamiento de residuos orgánicos.

  • Vincular a productores locales con los programas de alimentación.

  • Utilizar la alimentación como recurso pedagógico.

Este enfoque permite que el estudiante no solo aprenda sobre sostenibilidad, sino que la experimente diariamente.

Los huertos educativos y los quioscos saludables: aprender produciendo y consumir mejor

Foto: Periódico OPINIÓN
Foto: Periódico OPINIÓN

Un huerto escolar o universitario puede convertirse en un verdadero laboratorio de aprendizaje. Allí pueden integrarse conocimientos de biología, agricultura, nutrición, cambio climático, gestión del agua, biodiversidad, economía y ciudadanía.

Sembrar una hortaliza permite comprender el origen de los alimentos; observar el suelo, hablar de biodiversidad; administrar el agua, entender su importancia; producir compost, relacionar residuos y ciclos naturales; y cosechar para preparar alimentos, conectar producción, nutrición y consumo.

A esta estrategia puede sumarse la implementación de quioscos saludables, entendidos como espacios de alimentación dentro de las unidades educativas y universidades que ofrecen opciones nutritivas, accesibles y, en lo posible, elaboradas con productos locales y de temporada. El kiosco puede convertirse en una extensión del proceso educativo: no se trata únicamente de reemplazar determinados productos, sino de crear un entorno que facilite decisiones alimentarias saludables.

Un kiosco saludable puede priorizar frutas frescas, alimentos preparados con productos locales, cereales, legumbres, frutos secos, bebidas naturales sin exceso de azúcar y agua segura, reduciendo progresivamente la oferta de productos con alto contenido de azúcar, sal y grasas. También puede incorporar criterios ambientales, como la reducción de envases descartables, el uso de recipientes reutilizables y la adquisición de productos provenientes de productores locales.

De esta manera, el estudiante encuentra coherencia entre lo que aprende en el aula y lo que experimenta durante el recreo o su jornada universitaria. La educación alimentaria deja de ser solamente un contenido y se convierte en una experiencia cotidiana.

Además, el huerto y el kiosco saludable pueden estar conectados. Parte de la producción de un huerto educativo podría utilizarse en actividades de preparación de alimentos, ferias saludables o demostraciones gastronómicas.

Aunque su escala sea pequeña, esta conexión permite visualizar el ciclo completo: producir, cosechar, preparar, consumir, aprovechar los residuos y devolver nutrientes al suelo mediante el compostaje.

En Bolivia ya existen experiencias que muestran el potencial de vincular alimentación escolar y producción local. En municipios de Potosí, por ejemplo, la FAO documentó experiencias en las que los gobiernos municipales adquirieron productos de organizaciones de productores de la región para mejorar y diversificar la alimentación escolar.

Este enfoque puede evolucionar hacia un modelo de “escuelas y universidades alimentariamente saludables y ambientalmente sostenibles”, donde los huertos educativos, los quioscos saludables, la alimentación escolar, la producción local, la educación nutricional, la gestión responsable del agua y la reducción de residuos formen parte de una misma estrategia.

Así, el objetivo no sería únicamente enseñar a los estudiantes qué alimentos son saludables, sino generar las condiciones para que puedan producir, conocer, elegir y consumir alimentos saludables, comprendiendo al mismo tiempo la relación entre alimentación, territorio, salud y sostenibilidad.

Alimentación, agua, residuos y cambio climático

La sostenibilidad de la alimentación también tiene una dimensión ambiental. La producción de alimentos requiere agua, suelo, energía y biodiversidad. Transportarlos, procesarlos, empacarlos y desecharlos también genera impactos ambientales.

Por eso, hablar de alimentación saludable en una institución educativa permite abrir conversaciones sobre seguridad hídrica, cambio climático, economía circular y gestión de residuos.

El desperdicio de alimentos constituye otro punto crítico. El Food Waste Index Report 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima para Bolivia alrededor de 90 kg de desperdicio de alimentos por persona al año, aunque el propio informe señala un nivel de confianza bajo para la estimación nacional. (PNUMA)

Esto significa que las instituciones educativas pueden convertirse también en espacios para medir, prevenir y reducir el desperdicio: pesar los residuos orgánicos del comedor, identificar qué alimentos se desperdician, analizar las causas y diseñar soluciones con los propios estudiantes.

Así, una actividad aparentemente sencilla como evitar que un plato de comida termine en la basura puede convertirse en una experiencia de educación ambiental, matemática, nutricional y ciudadana.

¿Y qué ocurre en las universidades?

La discusión no debería terminar al concluir la secundaria. Las universidades concentran una población joven que está construyendo estilos de vida, tomando decisiones autónomas y, en muchos casos, preparando su futura vida profesional.

Por ello, las universidades pueden desempeñar un papel aún más estratégico.

Una universidad saludable y sostenible puede transformar sus cafeterías, desarrollar políticas institucionales de alimentación, promover mercados de productores, instalar huertos, reducir residuos orgánicos, eliminar progresivamente plásticos de un solo uso y garantizar acceso a agua segura.

Pero también puede investigar y generar conocimiento.

Estudiantes de Ingeniería Ambiental pueden estudiar la huella hídrica y de carbono de los alimentos; estudiantes de Nutrición, analizar menús; Agronomía, trabajar en producción agroecológica; Comunicación, desarrollar campañas; Arquitectura, diseñar espacios alimentarios sostenibles; Economía, estudiar cadenas de valor locales; y Educación, desarrollar metodologías para incorporar la alimentación en el currículo.

La universidad puede convertirse así en un laboratorio vivo de sistemas alimentarios sostenibles.

Una nueva mirada: de consumidores a protagonistas

Uno de los mayores desafíos es dejar de considerar a niñas, niños, adolescentes y jóvenes únicamente como consumidores de alimentos o receptores de información.

Ellos pueden ser protagonistas. Pueden investigar los hábitos alimentarios de su comunidad educativa, analizar los productos disponibles en los quioscos, proponer menús saludables, diseñar campañas, crear huertos, medir desperdicios, promover el consumo de agua y desarrollar emprendimientos vinculados a alimentos locales.

Este enfoque es particularmente importante porque permite conectar la alimentación con la participación juvenil, la educación ambiental y la acción climática.

La pregunta ya no sería solamente: “¿Qué debemos comer para estar saludables?”, sino también: “¿Qué sistema alimentario queremos construir desde nuestras escuelas y universidades?”.

Hacia instituciones educativas saludables y sostenibles

Bolivia tiene condiciones para avanzar en esta dirección: cuenta con políticas de alimentación saludable, alimentación escolar, guías alimentarias, experiencias de producción local y una creciente preocupación por la malnutrición.

El desafío ahora es articular estos esfuerzos.

Las unidades educativas y universidades podrían desarrollar Planes Institucionales de Alimentación Saludable y Sostenible, que incorporen al menos cinco dimensiones:

  1. Salud: nutrición adecuada, prevención del sobrepeso, obesidad y deficiencias nutricionales.

  2. Educación: incorporación de alimentación y nutrición en procesos pedagógicos.

  3. Sostenibilidad: producción local, agroecología, biodiversidad, agua y reducción de residuos.

  4. Participación: protagonismo de estudiantes, familias, docentes y comunidades.

  5. Gobernanza: políticas institucionales para cafeterías, quioscos, compras y alimentación escolar.

La alimentación saludable no puede quedar reducida a una campaña ocasional durante la “Semana de la Salud”. Debe convertirse en una política permanente de la institución educativa.

Alimentar el presente, cuidar el futuro

La alimentación es mucho más que aquello que colocamos en un plato. Es salud, cultura, economía, educación, territorio y ambiente.

En Bolivia, donde más de tres de cada diez niñas, niños y adolescentes de 5 a 19 años presentan sobrepeso u obesidad, mientras todavía persisten problemas de desnutrición, la respuesta requiere superar los enfoques fragmentados y construir entornos educativos que favorezcan hábitos saludables desde la vida cotidiana. (Cebem)

Las escuelas y universidades tienen una enorme capacidad para impulsar esta transformación. Pueden enseñar a comer mejor, pero también pueden enseñar de dónde vienen los alimentos, cuánta agua requieren, quiénes los producen, qué impactos generan, cuánto se desperdicia y cómo podemos construir sistemas alimentarios más justos y sostenibles.

En este sentido, promover una alimentación saludable y sostenible en los ambientes educativos no representa solamente una estrategia para prevenir enfermedades. Es una apuesta por una educación capaz de formar personas más saludables, conscientes y comprometidas con sus territorios.

Una escuela saludable alimenta el cuerpo y la mente. Una escuela sostenible, además, enseña a cuidar el territorio que hace posible esa alimentación.



AJNAB – Agencia Juvenil de Noticias Ambientales Bolivia





Referencias bibliográficas

  • Instituto Nacional de Estadística (INE) & Ministerio de Salud y Deportes. (2023). Encuesta de Demografía y Salud – EDSA 2023. Bolivia.

  • Instituto Nacional de Estadística (INE) & UNICEF. (2025). Documento estadístico de la primera infancia – EDSA 2023. Bolivia.

  • Ministerio de Salud y Deportes de Bolivia. (2013). Guía alimentaria para la niña y el niño en edad escolar. La Paz, Bolivia.

  • Ministerio de Salud y Deportes de Bolivia. (2013). Guías alimentarias para la población boliviana: Bases técnicas. La Paz, Bolivia.

  • Estado Plurinacional de Bolivia. (2016). Ley N.º 775 de Promoción de Alimentación Saludable.

  • Estado Plurinacional de Bolivia. (2014). Ley N.º 622 de Alimentación Escolar en el Marco de la Soberanía Alimentaria y la Economía Plural. FAO Bolivia.

  • UNICEF Bolivia. (2021). Comer sano nos hace bien: cocina creativa boliviana para frenar el sobrepeso y obesidad.

  • UNICEF. (2023). Reporte sobrepeso, obesidad y malnutrición en niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe.

  • FAO & WHO. (2019). Sustainable healthy diets: Guiding principles.

  • World Health Organization. (2026). Policies and interventions to create healthy school food environments: WHO guideline.

  • World Health Organization. (2023). How school systems can improve health and well-being: Topic briefs – Nutrition.

  • United Nations Environment Programme. (2024). Food Waste Index Report 2024.

 
 
 

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